Podríamos jugárnosla
Podríamos intentar algo diferente.
Podríamos volar a Nigeria y escribir esto.
Con el olor de los cuerpos aún mezclado, con el calor de tus besos en mis labios. Tristes labios.
Podríamos intentar algo que aún no se hubiera inventado. Podría funcionar. O podría no hacerlo. No cambiaría nada, ¿A quién le importaría?
Podríamos mirarnos a los ojos y decirnos que nos queremos revirtiendo la tristeza que invade nuestra mente y nubla nuestro entendimiento. Convirtiendo la desilusión en franqueza y felicidad agradable porque, ya sabes: la vida puede ser maravillosa.
Podríamos venir a jugar, y llegar al final del programa y apostarlo todo por una de las tres puertas y cambiarla luego si nos lo ofrecen al final. Y sonreír. Sonreír siempre, aunque no quede más que eso.
Podríamos poner música para escuchar con los pies y bailar con las manos. Podría ser un concierto ejecutado por un pianista italiano con nombre de juegos, diversión y esparcimiento.
Podríamos morir en el intento y saludar a la muerte con un beso en su huesuda mejilla y decirle, con una sonrisa, que ya somos amigos y que nos debe tratar bien.
Podríamos jugar este partido que se nos pone cuesta arriba a cara de perro, con la lluvia resbalando por nuestro pelo y cayendo en nuestra cara mezclada con sudor y con barro. Luchando cada jugada con la rabia del que se sabe superior y va por debajo en el marcador. Moviéndonos impulsados por el orgullo y la adrenalina de los últimos esfuerzos. Sintiendo la vida correr por nuestras venas, oxigenando los pulmones, la historia y el cerebro.
Podríamos pasear por las tripas del otro, presionando eventual y contingentemente, las teclas –blancas o negras- más efímeras de nuestra anatomía.
Podríamos, podríamos, podríamos…
Podríamos convertir el volátil condicional en un jodido y plausible presente que durase un día, dos meses o tres vidas. La tuya, la mía y la que viene.
Podríamos jugar en el parque todos los días, dejando que el frío sol de invierno acariciase nuestros rostros a las cinco de la tarde y, persuadidos –o disuadidos- por esa ensoñación enredadora que forma la luz resplandeciendo en nuestros ojos, olvidar el pasado que se viste de corto y oscuro e imaginar, quizá, medio despiertos, un futuro con traje y corbata y colgantes de rojo y violeta. Verde sobre blanco, rojo sobre negro.
Añil en nuestras manos. Gris flotando, pesado, vencido, incómodo, en el aire.
Podríamos, si tú quisieras, volver al juego, a la música y a la vida. No parar de hacerlo, sin merecerlo.
Etiquetas: amor, condicional, futuro, reflexiones, vida